1 de Abril del 2015.

Hace bastante que no he tenido ni el tiempo ni la oportunidad de escribir algo aquí en mi diario pero hoy es el día, y recomiendo que te pongas cómodo porque ¡menuda aventura!
He conocido a bastantes personas en cuestión de una semana, unas más influyentes y otras que no lo son tanto, pero al igual todas y cada una de ellas han aportado algo, aunque sea una mínima parte de su ser para ayudarme en mi situación, y jamás sabré cómo devolverles el favor. 
Está bien, empezaré por el principio. 

       Le doy gracias a todos los Dioses por haber puesto en mi camino a Érwine, una chica cuyo rostro es realmente digno de admirar que me acogió en su casa el mismo día que me fui de la mía. La pobre parecía no querer hacerlo pero sentirse obligada a ello, por eso allí pasé la noche y gracias a ella hoy día no ando con una pulmonía por la calle.
Es una muchacha agradable, desprende dulzura por cada poro de su piel y su casa es sumamente preciosa. Como ella.






Al día siguiente marché de allí en busca de un hotel para hospedarme mientras encontraba un trabajo, pues lo necesitaba para poder costearme un estudio cercano a la facultad donde estudio Diseño Gráfico. 
No entiendo qué es lo que se me pasó por la cabeza para entrar a la editorial de donde nació Lady Mind, mi novela gráfica preferida con diferencia. Pero lo hice, y allí conocí a la siguiente persona.

        Rachel Cobain, la creadora de esa misma novela gráfica me contrató para un nuevo proyecto que está marchando poco a poco y, aunque el trabajo resulta bastante duro y el sueldo no es el mejor, aún se lo agradezco como sólo yo lo sé.
La señorita Cobain es uno de mis mayores ídolos, mi amor platónico y uno de las mayores influencias en mi vida. Ella y su historia fue la que me impulsó a desafiar las preferencias de mis padres e ingresar en la facultad de Diseño Gráfico en vez de en la de Psiquiatría, como papá hubiese preferido.
Rachel me recuerda a una pequeña muñeca pin-up, a una en concreto que vi en una de las tiendas de merchandising de Madrid. Pero a la vez tiene algo totalmente misterioso, algo que guarda consigo y que quizás jamás ha exteriorizado, algo que la hace increíblemente interesante. 


Ese mismo día, mientras caminaba de nuevo hacia mi habitación de hotel me topé con una de las personas más alegres que jamás he conocido. Podría hacer reír hasta a la persona más seria de este planea con tan solo reír ella.

        Krïsztïne (o como yo prefiero llamarla, Princesa Chicle) es una majísima chica con la que fui a tomar un helado justo después de aquella extraña entrevista de trabajo que tuve con la señorita Cobain, como antes dije. Es decoradora de interiores y le fascina el sorbete de sandía y chocolate. Y estoy seguro de algo, si te encuentras con ella querrás comerte su pelo por ley, pues tiene una pinta realmente apetitosa. 

Y por último, en una de esas muchas tardes de sábado en las que ni trabajo, ni tengo clase, fui en busca de inspiración a la biblioteca. Allí encontré un tomo de una novela gráfica que me recordó bastante al videojuego de lucha Tekken, el caso es que mientras lo hojeaba, conocí a la siguiente persona;

       Jhizzih, a la cual se le cayeron los libros sobre mis pies justo cuando estaba leyendo lo más interesante e incomprensible del tomo. Es otra persona majísima y me resulta curioso que sus mejillas siempre anden rojas. Curioso y agradable. 


La cosa está en que mi vida va funcionando poco a poco como yo quería, tengo un trabajo que me encanta, un lugar donde momentaneamente puedo seguir durmiendo y un par de amigas nuevas que son adorables, y espero conocer más, muchas y muchos más.


Metas: Conseguir un apartamento adecuado a mi sueldo.
Canción del día: Izal- Despedida.

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