21 de Marzo del 2015.

Mi mente se mantenía en estado de shock mientras mis manos se movían raudas, agarrando de forma selectiva parte de mis pertenencias y acomodarlas como mejor sabía en el interior de mi mochila, aquella que solía llevar cada día a clase.
Estaba totalmente decidido a marchar de allí, quería ser independiente. Más bien lo ansiaba.
Envidiaba aquello de lo que mis amigos se quejaban. Aquello de esforzarse para conseguir las cosas y de tener que colaborar "para conseguir un plus en la paga" en vez de aquella Visa platino que se añejaba en mi bolsillo por simplemente ser hijo de mis padres.
Sonará extraño. Alguien que lo tiene todo en la vida y que quiere dejar de tenerlo, pero ni te imaginas la poca satisfacción que se obtiene al conseguir algo sin haber trabajado en ello, sin haber gastado una gota de sudor o medio minuto de reflexión para resolver un problema tan cotidiano como es el organizarse para el próximo examen de la semana.

Cerré la mochila sin delicadeza alguna, y tras agarrar el iPod de la mesita de noche salí de allí cagando leches antes de que cualquiera de los empleados me pillara escapándome de tanto apestoso lujo.
Aunque no tenía ni pajolera idea de adónde ir, mis pasos no se detuvieron, pateando la gran Madrid mientras se me ocurría algo. Y entonces Jesucristo decidió que tenía que tomar un baño. 
Pronto sentí como minúsculas gotas de agua caían sobre mi rostro suavemente, prolongando la intensidad de caída con el paso de los minutos. 
Pronto mi sombrero negro yacía empapado, al igual que el resto de mi atuendo, unos vaqueros negros, una camisa blanca básica con uno de los diseños de Grace Neutral y una americana de primavera, también negra, que había dejado de cumplir su función de protegerme del frío desde que el agua comenzó a calar entre la suave tela.
Genial, ¿y ahora qué?



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