FICHA ACTUALIZADA

Un par de meses atrás Daniel jamás se había imaginado así. De hecho nunca lo habría hecho, no era consciente del punto en el que una persona podía llegar a degradarse, a perder completamente la personalidad inicial gracias a circunstancias y sucesos acontecidos en tan solo un puñado de metros cuadrados mal construidos en el centro de Madrid.
Hace ya casi un año que Daniel se marchó de casa para comenzar su vida como adolescente independiente, hace casi un año que abandonó sus lujos y comodidades por un apartamento con muebles de quinta mano y paredes desconchadas.
La soledad le hubiera ido bien, o eso creía, pero la soledad compañía atrae y la compañía... sueños rotos o malinterpretados en su defecto.
Siempre había creído que el amor estaba diseñado para él, que el día que lo encontrara sería para siempre, pero bien equivocado estaba, pobre Daniel.
Casi veinte años ya y siente el alma pesada, como si en su pecho la misma no cesara de quejarse y gimotear, provocándole un dolor, una pesadez y una angustia incalculable las horas que estaba despierto o sobrio.
Pero no todo es malo ahora en la vida de Daniel, continúa su carrera como estudiante de diseño gráfico y trabaja como dibujante en un estudio de tatuajes, paradójico si tenemos en cuenta la fobia a las agujas del joven.
Desconoce el trastorno mental que su desamor ―del cual no habla nunca― le ha provocado, lo que le impide tener erecciones voluntarias cuando la situación lo requiere, exceptuando las veces en las que decide sufrir y pensar en ella, rememorando las noches, las tardes y los días en los que se fundía con las mejillas al rojo vivo sobre o bajo ella. Solo así consigue hacer funcionar de forma dolorosa a su amigo, tan dolorosa que casi no merece la pena recordar.
Ni siquiera sabe que su cabeza no funciona bien, es inconsciente de todo ello, justificándolo como "algo momentáneo" en vez de un trauma tratable.
Su bicicleta azul casi está al gritar por tantos kilómetros recorridos y en su iPod ya solo suena "Despedida" de Izal, que le hace pensar que su ídolo pasó por lo mismo, que lo tomó con optimismo y continuó viviendo, utilizando el dolor para ser más fuerte.
Ojalá Daniel supiera hacerlo.

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